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Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán"
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Revisión bibliográfica: Yoga en el manejo del dolor crónico

El yoga proviene del conocimiento antiguo Ayurveda, el cual busca descubrir el verdadero sentido de la vida humana y encontrar remedios para las enfermedades. El término proviene del verbo sánscrito Yug (unión), que hace referencia al objetivo general del yoga: la unión de la mente con el cuerpo, como una forma de promover la salud. Los textos indican que el yoga se originó en la India y que se ha practicado aproximadamente por 4.000 años. Aunque existen diferentes escuelas de yoga, hay elementos clave que la mayoría de estas escuelas comparten, como lo son: ejercicios de respiración (pranayama), posturas (asanas) y meditación (dhyana), todo esto enfocado en crear un equilibrio interior, físico y emocional. El yoga forma parte de la medicina mente-cuerpo y de la medicina complementaria y alternativa, que se ha utilizado en el manejo del dolor crónico, su uso actual incluye protocolos más integrales, aunque en la práctica popular, el yoga se interpreta a menudo como un programa de ejercicio físico (Wren, Wright, Carson, & Keefe, 2011).

Estudios controlados recientes que utilizan el yoga para la disminución del dolor se han basado en Hatha o Iyengar. Los estudios que han utilizado Hatha yoga se han concentrado en las técnicas de relajación y posturas suaves adaptadas a condiciones dolorosas específicas. Protocolos de yoga Iyengar incluyen varios elementos básicos, tales como posturas físicas, el conocimiento de las regiones del cuerpo, técnicas de control de la respiración, y la práctica en casa persistente (Wren, Wright, Carson & Keefe, 2011).

Hipótesis sobre los mecanismos del yoga que actúan sobre el dolor

Aunque el yoga tiene el potencial de mejorar tanto el dolor crónico como el agudo, los mecanismos por los cuales esto sucede siguen siendo hipotéticos. Algunas de etas hipótesis son: aumento en la flexibilidad y la oxidación de los tejidos, combinados con efectos de la relajación, y la liberación de encefalinas o endorfinas. Otros posibles mecanismos de acción pueden incluir la disminución en la actividad del sistema nervioso simpático (disminución del ritmo cardiaco), la reducción en los marcadores inflamatorios (factor de necrosis tumoral, interleucinas), y en los marcadores de estrés (cortisol), y aumentos en la flexibilidad, la fuerza, la circulación y la capacidad cardiorrespiratoria (Posadzki, Ernst, Terry & Soo Lee, 2011).

Desde un punto de vista psicológico, el yoga puede producir cambios en la conducta con consecuencias positivas para el paciente, aumenta el conocimiento de estados mentales y físicos, lo que facilita el entendimiento de su dolor, genera emociones positivas y optimismo, amplia los procesos cognitivos y aumenta la autoeficacia para el control del dolor. También tiene el potencial de reducir el aislamiento social, fomentar redes sociales y reforzar el apoyo social (Posadzki, Ernst, Terry & Soo Lee, 2011). Sesiones de yoga en casa construyen una actividad diaria física regular, algo que muchos pacientes evitan, también puede fomentar la efectividad en la comunicación, volviendo al paciente más activo. El yoga también puede aumentar la aceptación del dolor, y la capacidad de reconocer pensamientos y emociones negativas. Por último, es posible que el yoga pueda conducir a un aumento en la autoeficacia para el manejo del dolor crónico. Curiosamente, al menos un estudio de yoga ha demostrado que la duración de la práctica diaria se relaciona con mejoras en la percepción del dolor, la fatiga, la dinamización, la aceptación y la relajación en el mismo día y al día siguiente (Wren, Wright, Carson & Keefe, 2011).

Curtis, Osadchuk & Katz (2011), demostraron en una muestra con pacientes con fibromialgia, que una intervención de yoga puede reducir el dolor y el catastrofismo, aumentar la aceptación y la atención plena, y alterar los niveles totales de cortisol en estas pacientes. Los cambios en los niveles de atención plena y cortisol se explicaron por un efecto mediacional de la atención plena sobre la catastrofización.

¿Qué dice la evidencia?

Cramer, Lauche, Hohmann & Dobos (2013) realizaron un estudio para evaluar el efecto del yoga Iyengar en comparación con el ejercicio en pacientes con dolor crónico de cuello. El Yoga fue más eficaz para el alivio del dolor en comparación con un programa de ejercicio en el hogar. El yoga redujo la intensidad del dolor y de la discapacidad y mejoró la calidad de vida relacionada con la salud, y también influyó en el estado funcional de los músculos del cuello.

En otro estudio Tilbrook, et al. (2011), encontraron que un programa de yoga de 12 semanas en adultos con dolor de espalda crónico tuvo efectos más evidentes en la funcionalidad en comparación con la atención habitual y estas mejorías se mantuvieron hasta los 12 meses de seguimiento, siendo más pronunciado a los 3 meses. Para estos autores, el yoga parece ser una forma segura de actividad, con sólo 8 participantes que informaron eventos adversos probablemente relacionados con el yoga.

Los ensayos clínicos aleatorizados en relación al yoga para el manejo del dolor crónico son suficientes para realizar revisiones sistemáticas. Posadzki, Ernst, Terry, & Soo Lee, (2011) encontraron diez ensayos clínicos aleatorizados que cumplieron los criterios de inclusión, su calidad metodológica osciló entre 1 y 4 en la escala de Jadad. Nueve estudios sugieren que el yoga lleva a una reducción significativamente mayor del dolor en comparación con diversas intervenciones control, como el cuidado personal, ejercicios terapéuticos, masajes o ninguna intervención. Un estudio no presentó diferencia entre los grupos en las puntuaciones de dolor.

En otra revisión, Bussing, Ostermann, Ludtke & Michalse, (2012) encontraron cinco estudios aleatorios, ciego sencillo con calidad metodológica alta; otros 7 estudios fueron aleatorios, pero no ciegos y con calidad moderada, y 4 estudios más fueron no aleatorizados y tenían baja calidad. En 6 de los estudios, el yoga se utilizó para tratar a pacientes con dolor lumbar, 2 estudios para tratar artritis reumatoide, 2 estudios para dolor de cabeza, y 6 estudios incluyeron individuos para otras indicaciones. Todos informaron efectos positivos a favor del yoga. Con respecto al dolor, el metaanálisis reveló un tamaño el efecto de -0.74 para el dolor con respecto a la discapacidad y un efecto global del tratamiento de 0.79. A pesar de algunas limitaciones, hay evidencia de que el yoga puede ser útil para el dolor asociado con varios trastornos. Por otra parte, hay indicios de que incluso las intervenciones a corto plazo pueden ser eficaces. No obstante más estudios a gran escala han de identificar qué pacientes pueden beneficiarse.

El yoga es un método complementario útil para el manejo del dolor crónico que parece tener el potencial del aliviar el dolor, aunque la cantidad y la calidad de la evidencia existente impide establecer conclusiones definitivas. A pesar de esto, la evidencia también es alentadora y visualiza al yoga como una herramienta útil por su costo relativamente bajo y de fácil accesibilidad, para abordar los aspectos biológicos, sociales y psicológicos que están siempre presentes en la experiencia del dolor.

Bibliografía

  • Bussing, A., Ostermann, T., Ludtke, R. & Michalse, A. (2012). Effects of Yoga Interventions on Pain and Pain-Associated Disability: A Meta-Analysis. The Journal of Pain, 13(1), 1-9.
  • Cramer, H., Lauche, R., Hohmann, C., Langhorst, J. & Dobos, G. (2013). Yoga for Chronic Neck Pain: A 12-Month Follow-Up. Pain Medicine, 14(4), 541 ? 548.
  • Curtis, K., Osadchuk, A. & Katz, J. (2011). An eight-week yoga intervention is associated with improvements in pain, psychological functioning and mindfulness, and changes in cortisol levels in women with fibromyalgia. Journal of Pain Research, 4, 189?201
  • Posadzki, P., Ernst, E., Terry,R. & Soo Lee, M. (2011) Is yoga effective for pain? A systematic review of randomized clinical trials. Complementary Therapies in Medicine,19, 281?287
  • Tilbrook, H., Cox, H., Hewitt, C., Kang?ombe,A., Chuang, L., Jayakody, S., Aplin, J., Semlyen, A., Trewhela, A., Watt, I. & Torgerson, D. (2011) .Yoga for Chronic Low Back Pain A Randomized Trial. Annals of Internal MedicineVolume,155 (9), 569-579.
  • Wren, A., Wright, M., Carson, J., & Keefe, F.(2011). Yoga for Persistent Pain: New Findings and Directions for an Ancient Practice, Pain, 152(3): 477?480.

Resumen a cargo de Susana Ruíz (Psicología, INCMNSZ).

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