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Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán"
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Revisión Bibliográfica: El eje cerebro-intestino.

El tracto gastrointestinal (GI), tiene funciones inmunológicas y de barrera que interactúan con la microbiota intraluminal y protegen el cuerpo contra agentes potencialmente patogénicos. Al mismo tiempo, vigilan los eventos intraluminales para regular los reflejos intestinales, que provocan patrones adecuados de motilidad, secreción y flujo sanguíneo, tanco para la absorción y digestión como para la dilución y expulsión (3). La funció adecuada del trato GI, se lleva a cabo a través de una interacción estrecha con el SNC.

El eje cerebro - intestino, es la relación entre los centros cognitivos y emocionales del cerebro, con la función intestinal (1). Es eje, regula las funciones homeostáticas que se solían considerar propias del centro intestinal, como la sensación y motilidad. Esta relación, resalta que las alteraciones en cualquiera de los dos sistemas, tiene repercusión en ambos. Este trabajo, desarrolla una revisión sobre los conocimientos recientes de la fisiología de este eje. (1)

La fisiología de la comunicación del eje cerebro-intestino.

El sistema nervioso entérico (SNE), es una división del sistema nervioso autónomo, que se encarga del control fisiológico del tracto gastrointestinal. Aunque tiene la habilidad de actuar de manera autónoma, siempre tiene una comunicación constante y recíproco con el centro del SNC, a través de las aferencias del nervio vago y spinal (esplécnica y pélvica), que llegan al encéfalo y médula espinal, respectivamente (1,3).

La mayor parte de las neuronas de los ganglios del asta dorsal, inervan estructuras somáticas. Sólo del 3 al 7%, inervan el tracto GI. El predominio de la inervación de las aferencias somáticas a la médula espinal, junto con el fenómeno de convergencia de los estímulos somáticos y viscerales, provocan el fenómeno de dolor referido (3). Sumado a esto, las aferencias del colon y recto, convergen con aferencias del intestino, vejiga y órganos reproductores, lo cual, complica el diagnóstico diferencial de alteraciones del eje cerebrointestino, con el de síndrome de dolor pélvico (3). La baja densidad de inervación del tracto GI, la convergencia con aferencias somáticas y las convergencias visceroviscerales, explican por qué el dolor GI, es pobremente localizado.

Otro grupo de mediadores que actúan en este eje, provienen del eje hipotálamo-hipófisissuprarrenal (HHS), que es parte del sistema límbico, el cual, se encarga de la respuesta emocional del sistema nervioso central (SNC). La activación de este eje por estrés y/o citocinas inflamatorias, provoca la liberación de factor liberador de corticotropina del hipotálamo y la estimulación subsecuente de glándulas suprarrenales, para la liberación de cortisol. (1)

La fisiología del eje cerebro-intestino también se regula por la microbiota.

La microbiota intestinal, que comprende a más de 1 billón de microorganismos, se comunica con el SNC, por vía del nervio vago y/o la producción de metabolitos, para regular funciones sobre la motilidad gastrointestinal, conducta, cognición y aprendizaje. (1)

La serotonina es un mediador crítico del eje cerebro-intestino.

La serotonina (5HT)y su principal inhibidor, el transportador de recaptura de serotonina, están presentes tanto en SNC como en SNE. Las funciones del SNC, regulados por la serotonina, incluyen el estado de ánimo (e.g., depresión, ansiedad) y la cognición. A pesar de esto, sólo el 3% de toda la serotonina, se encuentra en SNC. El resto, se distribuye en el SNE, con el 90% localizado en el epitelio de la pared intestinal, en las células enterocromafines, con el resto, en las neuronas del SNE. La serotonina, se sintetiza a partir de la enzima triptofan hidroxilasa (TH) en las células enterocromafines (TH-1) y SNE (TH-2). El microbioma, modula la producción de serotonina. De esta forma, la serotonina, es el medio de interacción de eje cerebro-intestino-microbioma. (1)

Los agentes serotoninérgicos, han sido utilizados para el manejo de trastornos del eje cerebrointestino, e.g., Síndrome de intestino irritable. Los agonistas de serotonina, específicamente los subtipos 5HT4 y 5HT3, son utilizados en SII con predominio de estreñimiento. El objetivo, es estimular a secreción y peristalsis intestinal (e.g., prucaloprida, velusetrag). En el caso de SII con predominio de diarrea, la aplicación de antagonistas de 5HT3, han sido utilizados para disminuir el dolor y tránsito gastrointestinal (e.g., alosetrón). (1)

Los agonistas de 5HT4, también han sido propuestos para el manejo de depresión. Es importante resaltar que más de la mitad de los pacientes con SII, se presentan con comorbilidades psiquiátricas, e.g., alteraciones del estado de ánimo, ansiedad o enfermedad somatomorfa. (1)

Los antidepresivos, específicamente los inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina y antedepresivos tricíclicos, se han sumado a las opciones terapéuticas para SII, dado el reconocimiento de la depresión y ansiedad como comorbilidades frecuentes de SII. Estudios clínicos, han demostrado que el manejo con amitriptilina en pacientes con SII, disminuye el dolor intestinal, la diarrea y mejora la calidad de vida. Igualmente, los ISRS han mostrado una eficacia similar a la amitriptilina en este grupo de pacientes. (1)

Trastorno digestivo funcional (TDF): las enfermedades del eje cerebro-intestino.

Este grupo de enfermedades comprende a las alteraciones de la función gastrointestinal, que no presentan evidencia de lesión estructural (2). Los síntomas, se generan a partir de interacciones complejas entre diferentes factores, como la disbisosis de la microbiota intestinal, alteración de la función inmune intestinal, alteración de la señalización nociceptiva intestinal (hiperalgesia visceral), y alteración de la regulación de la función motora y sensitiva intestinal por parte del SNC (2). Sin una base estructural que explique las características cínicas, nuestro entendimiento sobre TDF, se basa en un modelo biosicosocial (2).

Conclusión.

Esta revisión describe un panorama general del eje cerebro-intestino, para desarrollar una base para entender las alteraciones gastrointestinales que se presentan en los TDF, así como algunos objetivos terapéuticos utilizados en esta enfermedad.

Bibliografía

  1. Khlevner I, et al. Brain–Gut Axis Clinical Implications. Gastroenterol Clin N Am, 2018: (47) 727–39.
  2. Drossman D. Rome IV—Functional GI Disorders: Disorders of Gut-Brain Interaction. Gastroenterology 2016: (150) 1257–61.
  3. Vanner SJ et al. Fundamentals of Neurogastroenterology: Basic Science. Gastroenterology. 2017: (17) 1-23.

Resumen a cargo de José Miguel Rodríguez Castañón (Medicina del Dolor y Paliativa, INCMNSZ).


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