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Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán"
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Revisión Bibliográfica: Uso de inhibidores de bomba de protones como protectores gástricos.

Durante mucho tiempo se han prescrito a los inhibidores de bomba de protones (IBP) como parte de tratamiento de diferentes entidades gástricas y también como profiláctico para eventos gástricos ante el uso crónico de antiinflamatorios no esteroideos (AINES), son medicamentos que están siempre presentes en la práctica clínica tanto del médico general como del especialista. Debido a estas causas los IBP se reconocen como los fármacos más utilizados en todo el mundo sin embargo, el uso inapropiado de estos fármacos puede conducir a efectos adversos que el clínico subestima al momento de recetar, por lo tanto, es importante conocer el propósito del uso de medicamentos como los IBP considerados como seguros, los riesgos y efectos adversos tanto a corto como largo plazo que se presentan y que muchas veces no se le asocia a su uso.

Los IBP actúan inhibiendo de manera irreversible la enzima H/K-ATP asa de las células parietales de la mucosa gástrica, disminuyendo así la secreción acida. Su efecto es prolongado, debido a que la inhibición irreversible requiere la síntesis de nuevas bombas de protones para reanudar la secreción acida. La máxima supresión acida se alcanza, en promedio, a los 3 días de tratamiento. La dosis de los IBP a largo plazo debe reevaluarse periódicamente para que se pueda prescribir la dosis efectiva más baja para controlar la afección.

Las indicaciones principales para el uso de los IBP son: enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), esófago de Barrett, tratamiento de ulceras con o sin infección por Helicobacter pylori, para enfermedad Zollinger-Ellison, entre muchos otros síntomas relacionados al tracto digestivo así como patologías del mismo, y también para profilaxis para ulceras pépticas y el sangrado por uso de fármacos tipo AINE. La eficacia en el tratamiento de las enfermedades gástricas casi ha eliminado la necesidad de cirugías y redujo considerablemente la morbimortalidad relacionadas con la enfermedad en estas afecciones. Sin embargo, existe evidencia que indica que los riesgos gastrointestinales (GI) asociados con los AINES pueden potenciarse cuando se combinan con los IBP. Se ha demostrado en estudios de imagen como en video-endoscopia que los IBP son efectivos para reducir los eventos del tracto GI superior pero existe alta incidencia de daño del intestino delgado.

Los riesgos y efectos adversos que se presentan tras el uso de los IBP a largo plazo además de los ya conocidos por cualquier otro medicamento son: insuficiencia renal, enfermedad celiaca y demencia. La hipoclorhidria interfiere con la función bactericida gástrica, y el uso prolongado puede predisponer a infecciones entéricas, incluida la colitis por Clostridium difficile, Campylobacter o gastroenteritis por Salmonella, y crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado. Debido a la potencial translocación bacteriana, el uso de IBP también es un factor de riesgo independiente para la peritonitis bacteriana espontánea y encefalopatía entre los pacientes con cirrosis. También se han reportado casos aislados raros de profunda hipomagnesemia, deficiencia de hierro, deficiencia de vitamina B12, espermatozoides de baja movilidad, abortos espontaneos, niveles aumentados de cromogranina A, niveles aumentados de factor de crecimiento de fibroblastos, eventos cardiovasculares, evento vascular isquémico, embolia pulmonar, trombosis, escarlatina, hiperglucemia, infección por mononucleosis, hemorragia gastrointestinal, nasofaringitis, otitis media, pérdida de libido y rinitis también se han identificado. El uso injustificado de los IBP entre los ancianos durante más de ocho semanas, aumenta los riesgos de infección por Clostridium difficile., pérdida ósea y fracturas.

En los últimos años, ha habido evidencia de que los IBP pueden alterar la composición de la microbiota intestinal, lo que agrava la lesión del intestino delgado indicuda por AINE. Esto se debe a la supresión crónica del ácido y la hipoclorhidria resultante asociada con la IBP y la alteración de la microbiota intestinal contribuye a la inflamación crónica pero de bajo grado.

Uno de los medicamentos más conocidos y prescrito como seguro es el omeprazol a pesar de ello se han reportado casos de hospitalizaciones debido a reacciones adversas como: aumento de los niveles de creatinina y urea, lo cual conduce a una nefritis intersticial agua y por lo tanto riego elevado a desarrollar enfermedad renal aguda, otros eventos significativos son: cambios de la proliferación gástrica, mayor riego de asma concomitante con reflujo gastroesofágico, mayor riesgo de infección por Clostridium difficile, disminución de la absorción de vitamina B, esteatorrea causada por fibrosis quística, fractura con absorción de calcio disminuida, ginecomastia, hipomagnesemia, hiponatremia, peritonitis bacteriana espontánea, neumonía, reacciones anafilácticas al omeprazol y riesgo de enfermedad celiaca.

Comparando los IBP con otros agentes gastroprotectores se ha encontrado que los IBP controlan tanto basal y secreciones de ácido estimulada por los alimentos, la producción completa y la supresión del ácido es más duradero, nunca se ha observado tolerancia, como tratamiento de las ulceras gástricas tuvieron una tasa de curación mayor después del tratamiento de 8 semanas.

Por último, el uso de los IBP en pacientes paliativos han sido clasificados como medicamentos innecesarios por La Asociación Internacional de Cuidados de Hospicio y Cuidados Paliativos (IAHPC) desarrolló una lista de medicamentos esenciales, basada en la eficacia y la seguridad, para controlar los síntomas más comunes que experimentan los pacientes que reciben cuidados paliativos. El 51% de los protectores gástricos fueron prescritos con potencial futilidad.

Conclusiones.

El clínico debe siempre tener presente que ningún fármaco es 100% seguro y aunque lo riesgos conocidos de los IBP sean pocos o mejor dicho infravalorados por quienes los prescriben ya que como aquí se ha referido, las consecuencias por el uso de los IBP tienen efectos muy graves para la salud. Se demuestra que la prescripción de los IBP parece ser más una tendencia de costumbre como medida “gastroprotectora” sin evaluar antes los riesgos que estos podrían producir si su uso o indicación no son las correctas, además, cualquier medicamento puede cambiar con el tiempo, debido a un mayor uso y también a las condiciones por la que el paciente se encuentre por lo tanto se debe re-evaluar la seguridad del fármaco.

Bibliografía

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  2. Daniel E. Freedberg. Marzo 2017. The risks and benefits of long-term use of proton pump inhibitors: Expert review and best practice advice from the American Gastroenterological Association. Gastroenterology Volumen 152.
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  5. Forgerini M. Noviembre 2018. Safety assessment of omeprazole use: a review. Sao Paulo Med J.

Resumen a cargo de Angélica Itzel Grajales Rodríguez (MPSS - Medicina del Dolor y Paliativa, INCMNSZ).


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