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Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán"
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Revisión Bibliográfica: Preferencias de los pacientes en la comunicación de malas noticias.

Una mala noticia, desde la perspectiva médica, ha sido definida como cualquier información que afecta de manera adversa y que produce una percepción negativa en las expectativas presentes o futuras del individuo (Fan, Z., Chen, L., Meng, L., Jiang, H., Zhao, Q., Zhang, L. & Fang, C. K., 2018; Azzopardi, J., Gauci, D., Parker, P., Calleja, N., Sloan, J. & Zammit, R., 2017). Una mala noticia puede ser un diagnóstico de cáncer, la recurrencia del mismo, metástasis, pronóstico yq la referencia a cuidados paliativos (Fan, Z., et al., 2018). Para los médicos, dar malas noticias es una tarea compleja y difícil (Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y., 2016).

Y para hacerlo de manera efectiva, se debe dedicar tiempo al paciente, proporcionar información necesaria, responder a cualquier cuestionamiento y discutir la información (Azzopardi, J., Gauci, D., Parker, P., Calleja, N., Sloan, J. & Zammit, R., 2017). Un mecanismo, que actúa en la comunicación de malas noticias por parte de los pacientes es la negación, motivo por el cual no recuerden lo esencial de la conversación sobre su pronóstico (Enzinger, A. C., Zhang, B., Schrag, D. & Prigerson, H. G., 2015).

Un punto importante, son los métodos utilizados para transmitir mala noticias a los pacientes, ya que dependiendo de los mismos, la comprensión de la enfermedad por parte del paciente se verá afectada, así como su funcionamiento psicológico a largo plazo (Fan, Z., et al., 2018). Por lo que un estilo de comunicación eficaz, genera atención de alta calidad (Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y., 2016). Se ha demostrado que la correcta difusión de malas noticias podría reducir la angustia y aumentar la satisfacción del paciente respecto al tratamiento y adherencia al mismo. Siendo evidente que la información proporcionada es fundamental para la relación médico-paciente (Fan, Z., et al., 2018).

La confianza facilita la comunicación, mejora la adherencia al tratamiento, reduce el miedo y la ansiedad, constituyendo una competencia interpersonal del médico, como saber escuchar, cuidar, proporcionar información y responder a las preguntas con honestidad (Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y., 2016). Mientras que, cuando las malas noticias se entregan de manera inapropiada, generan una conmoción en la capacidad de adaptación y ajuste del paciente y como resultado habrá confusión, enojo y ansiedad en los mismos (Azzopardi, J., et al., 2017). Los estudios han demostrado que los médicos reportan estar inconformes con sus habilidades para comunicar malas noticias.

Lo que sugiere que en la práctica clínica se difiere en cuanto a las preferencias de los pacientes y familiares al recibir malas noticias (Fan, Z., et al., 2018; Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y., 2016; Tang, W. R., et al., 2016). Un elemento que ayudaría a mejorar la habilidad de los médicos, en un entorno que se conoce como limitado en tiempo, sería complementar la información con material escrito, aunque esto merece mayor investigación sobre su eficacia (Tang, W. R., et al., 2016). Así como una habilidad importante para los médicos sería equilibrar la esperanza y la honestidad (Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y., 2016). Por lo que, se recomienda entrenamiento en habilidades de comunicación de todo el personal médico, lo que aumentará la calidad del servicio médico (Fan, Z., et al., 2018). Otro elemento es el enfoque centrado en el paciente, que requiere una comprensión por parte de los médicos sobre las preferencias de los pacientes referente a la comunicación. Este enfoque se ha relacionado con niveles bajos de angustia y niveles más altos de satisfacción del paciente (Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y., 2016).

Fan, Z., et al. (2018) encontraron que tanto los pacientes como los familiares se preocupan más por los métodos de tratamiento, efectos secundarios, alternativas, así como la planificación. Mismos resultados han sido contundentes en otros estudios (Tang, W. R., et al., 2016).

Así que es importante tomar en cuenta las preferencias de los pacientes y familiares que como resultado habría una mejoría en la comunicación y satisfacción del paciente con una mejor adherencia al tratamiento. También, encontraron que la mayoría de los pacientes desean que los médicos respondan con honestidad a sus preguntas y no les gusta que muestren un actitud impaciente, por el contrario, prefieren explicaciones detalladas proporcionando información realista, completa y precisa. Prefieren una mala noticia que sea clara, pero no que se discuta sobre su supervivencia (Fan, Z., et al., 2018). Igualmente, se han identificado ciertas variables como la edad, sexo y nivel de escolaridad, como predictoras del estilo de comunicación preferido. Aunado a esto, en otro estudio se encontró que las pacientes más jóvenes y con mayor escolaridad preferían recibir información detallada así como poder discutirla (Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y., 2016).

Hay estudios que sugieren que los pacientes terminales podrían preferir un tipo de cuidado paternalista (Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y., 2016). Este tipo de cuidado se ve reflejado en los cuidadores a medida que avanza la enfermedad, las preferencias de los pacientes cambian y difieren de la de sus familias. Los pacientes prefieren información sobre el control de síntomas, mientras que la familia atribuyen más importancia al pronóstico y cuidado. Pero ambos coinciden en que prefieren limitar la información sobre el pronóstico y los problemas al final de la vida (Tang, W. R., et al., 2016). En ocasiones, los pacientes son optimistas sobre los beneficios del tratamiento, sobreestimando la esperanza de vida, estas confusiones podrían derivarse de una mala comunicación en la relación médico-paciente. La supervivencia usualmente es un tema que no se aborda por dos motivos considerables; primero, estimar una supervivencia precisa es complicado y en segundo lugar no siempre los pacientes prefieren recibir ésta información (Enzinger, A. C., et ., 2015).

Generalmente, los oncólogos se preocupan por no dañar emocionalmente a los pacientes o comprometer las relaciones, por lo que durante la práctica clínica, los médicos no dan información pronóstica o exageran las estimaciones, debido a que no se comunican con los pacientes y no identifican sus preferencias (Enzinger, A. C., et ., 2015). Los médicos toman un actitud paternalista para proteger al paciente, aunque actualmente se hacen esfuerzos por respetar la autonomía del mismo (Azzopardi, J., et al., 2017). Los pacientes que tienen una comprensión realista del pronóstico, tiende a preferir una atención adecuada, participar en la planificación anticipada y ayudarlos a priorizar sus necesidades relacionales y espirituales (Enzinger, A. C., et ., 2015).

Sin duda, el desarrollo e influencia de Internet tiene cabida en ésta temática, debido a la gran cantidad de información a la que tiene acceso los pacientes y que no siempre es de calidad. Para los pacientes puede ser difícil diferenciar lo que es información veraz de la que no, lo que significa que se encuentran más informados pero no siempre con los argumentos adecuados. Por lo que se sugiere proporcionar información completa para que puedan comprender su estado de salud, para tomar decisiones sobre la misma, reducir el riesgo de comorbilidades y aumentar su autoeficacia sobre su salud (Fan, Z., et al., 2018). La educación médica también debe centrarse en mejorar las habilidades de comunicación de los médicos (Tang, W. R., et al., 2016). Esto debería conducir a una mejor satisfacción del paciente y, por lo tanto, mejorar la atención para los pacientes con cáncer (Azzopardi, J., et al., 2017).

Una sugerencia es conocer a detalle las percepciones y preferencias de los pacientes respecto a lo comunicación de malas noticias por parte de los médicos. Algo a destacar es que esas preferencias varían ampliamente entre los pacientes lo que podría ser una problemática. Sin embargo, los médicos deben comprender las preferencias individuales de cada paciente, adaptándose a ellas para satisfacer sus necesidades (Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y., 2016).

Bibliografía

  1. Azzopardi, J., Gauci, D., Parker, P., Calleja, N., Sloan, J. & Zammit, R. (2017). Breaking bad news in cancer: an assessment of maltese patients preferences. Malta Medical School Gazette, 1 (4). doi: http://mmsjournals.org/index.php/MDHG/article/view/68
  2. Enzinger, A. C., Zhang, B., Schrag, D. & Prigerson, H. G. (2015). Outcomes of prognostic disclosure: associations with prognostic understanding, distress, and relationship with physician among patients with advanced cancer. Journal of Clinical Oncology, 33 (32), 3809-3816. doi: 10.1200/jco.2015.61.9239
  3. Fan, Z., Chen, L., Meng, L., Jiang, H., Zhao, Q., Zhang, L. & Fang, C. K. (2018). Preference of cancer patients and family members regarding delivery of bad news and differences in clinical practice among medical staff. Support Care Cancer. doi: 10.1007%2Fs00520-018-4348-1
  4. Fujimori, M., Akechi, T. & Uchitomi, Y. (2016). Factors associated with patient preferences for communication of bad news. Palliative and Supportive Care, 15 (3), 328-335. doi: 10.1017/S147895151600078X
  5. Tang, W. R., Hong, J. H., Ray, K. M., Wang, C. H., Juang, Y. Y., Lai, C. H.,...Fang, C. K. (2016). Truth telling in Taiwanese cancer care: patients and families preferences and their experiences of doctors practices. Psycho-Oncology, 26 (7), 999-1005. doi: 10.1002/pon.4257

Resumen a cargo de Xiadani Rodea (Psicología, Medicina del Dolor y Paliativa - INCMNSZ).


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