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Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán"
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Revisión Bibliográfica: Una breve revisión sobre el concepto de futilidad terapéutica.

En la vida moderna, los avances en la tecnología y la ciencia médica han permitido tratar “exitosamente” condiciones que amenazan a la vida, aumentando la longevidad e incluso prolongando la vida de pacientes en una fase avanzada de enfermedad (Aghabarary & Nayeri, 2016). Consecuentemente, se ha generado una falsa esperanza en la medicina moderna sobre sus alcances en el mantenimiento de la vida, llegándose a pensar que “si algo falla, la medicina lo podrá reparar todo” (McCroskey, 2015).

La realidad, sin embargo, muestra que en algunos casos las intervenciones médicas resultan futiles, pues no producirán una mejoría en el estado clínico del paciente, incluso hoy en día, no existe una prueba clínica o un examen de laboratorio que ayude a identificar con certeza absoluta a un paciente que esté recibiendo un tratamiento fútil (Aghabarary & Nayeri, 2016; Swetz, Burkle, Berge, & Lanier, 2014).

Cuando se habla de futilidad, el término proviene del latín “futile” que significa “inútil, sin valor”. Sin embargo, en la literatura sobre el tema no existe una definición operacional única y objetiva, de hecho, Swetz et al. (2014) mencionan que The American Medical Association Council on Ethical and Judicial Affairs ha declarado que “ [una] definición totalmente objetiva y concreta no es alcanzable”.

Sin embargo, una de las definiciones más reconocidas es la de Schneiderman que menciona que la futilidad médica puede dividirse en dos componentes, uno cuantitativo, el cual ocurre cuando los médicos concluyen (por experiencia personal, experiencias de otros colegas o consideración de la evidencia) que en los últimos 100 casos un tratamiento médico no ha sido efectivo, y uno cualitativo, en donde el médico debe poder discriminar entre el efecto y el beneficio de una intervención (Aghabarary & Nayeri, 2016).

Con base en lo anterior, la futilidad médica puede clasificarse en:

De esta forma, puede comprenderse la complejidad al hablar del término, pues la decisión involucra además de la opinión del médico, los valores, creencias y deseos del paciente y de su familia. El juicio sobre lo que es futilidad es individual y basado en las condiciones únicas de cada paciente (Aghabarary & Nayeri, 2016).

Ante esta situación, algunos autores como Jecker (2017), reflexionan sobre las razones por las cuales la medicina moderna ha llegado a este predicamento. Menciona que esto podría fundamentarse en la interpretación que se hace de los principios éticos de la medicina, por ejemplo, los principios de beneficencia y no maleficencia, refieren “hacer el bien y no hacer daño”, centrando la atención sobre la acción y en muchas ocasiones sobre una acción agresiva, a costa de la misma naturaleza, dejando el límite menos claro. Propone que estos principios pueden reinterpretarse como “ayudar al paciente” y “no dañar al paciente”, siendo ambas frases neutrales sobre la acción o su omisión; incluso menciona que en muchas ocasiones, debe premiarse el “estar” por sobre el “hacer”.

Por otro lado, una interpretación errónea del principio de autonomía ha volcado hacia el paciente una especie de “exigencia” sobre las intervenciones que desea, o no, le sean aplicadas, limitando en muchas ocasiones la posibilidad de acción o de sugerencia del médico (Jecker, 2017). En este sentido, Swetz et al. (2014) resaltan la importancia reestablecer el rol del médico en el proceso de toma de decisiones, como un agente con capacidad de hacer recomendaciones sobre el curso de acción ante un escenario clínico e intervenciones que pueden considerarse como futiles.

De la misma forma, el principio de justicia ha promovido una cultura de “privilegio” o “exigencia de derecho” de tener cualquier intervención terapéutica, aunque esta pueda ser fútil en un paciente determinado (Jecker, 2017). Otro factor que puede contribuir a las intervenciones futiles es el imperativo tecnológico, en donde existe una inclinación de médicos y pacientes a usar cualquier intervención, ayude o no al paciente, simplemente por el hecho de que está disponible (Swetz et al., 2014), y encontrándose ante una situación que puede generar distrés moral, ambos actores pueden encontrar difícil rechazar una intervención obedeciendo al deseo de “hacer algo”.

Ante este escenario, la herramienta por excelencia que puede contribuir a evitar el uso de estas intervenciones es la comunicación (Swetz et al., 2014). A través de ella, el médico construirá la confianza y empatía con el paciente y su familia (Howe, 2015). McCroskey (2015) menciona que ante escenarios en los cuales se presentan estas intervenciones, las familias de los enfermos tienen una necesidad apremiante de información, de forma que puedan tomar mejores decisiones y, sin embargo, habrá también que recordar que dicha información puede necesitar ser repetida en varios momentos para que logre ser totalmente comprendida.

Howe (2015) menciona algunas claves para poder mantener la confianza de los pacientes en situaciones críticas: a) reducir el miedo, trabajando con la resistencia del familiar y no en su contra, de forma que estén en mayor disposición de conversar; b) devolver tanto control como sea posible, al paciente y a su familia; c) ser claro y específico en los términos que se transmite la información, y brindar oportunidad de aclarar dudas; d) promover el espacio, iniciando la conversación, sobre temas que pueden ser difíciles de abordar y e) preferir estar cuando hacer sea fútil.

Bibliografía

  1. Aghabarary, M., & Nayeri, N. D. (2016). Medical futility and its challenges: a review study. Journal of Medical Ethics and History of Medicine, 9. Retrieved from https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5203684/
  2. Howe, E. G. (2015). How to Retain the Trust of Patients and Families Even When We Will Not Provide the Treatment They Want. The Journal of Clinical Ethics, 26(2), 89–99.
  3. Jecker, N. S. (2017). Doing What We Shouldn’t: Medical Futility and Moral Distress. The American Journal of Bioethics, 17(2), 41–43. https://doi.org/10.1080/15265161.2016.1265170
  4. McCroskey, D. (2015). Medical Futility and End-of-Life Care: Perspectives from Practice. Journal of Christian Nursing, 32(2), 94–97.
  5. Swetz, K. M., Burkle, C. M., Berge, K. H., & Lanier, W. L. (2014). Ten Common Questions (and Their Answers) on Medical Futility. Mayo Clinic Proceedings, 89(7), 943–959. https://doi.org/10.1016/j.mayocp.2014.02.005.

Resumen a cargo de Araceli Martínez (Psicología, INCMNSZ).


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