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Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán"
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Revisión bibliográfica: Evaluación del distrés en la enfermedad avanzada.

Por Mtra. Vania Barrientos Casarrubias y Psic. Benjamín Molina Espinosa

Recientemente, ha sido reconocida la necesidad de identificar el impacto que tiene la enfermedad avanzada en los aspectos psicosociales. Esta labor ha podido realizarse a través de conocer el grado de distrés psicológico. La utilización de este concepto recae en una serie de fundamentos clave que van desde abordarlo como una estrategia para abatir la estigmatización en relación a la enfermedad mental (Almanza-Muñoz & Holland, 2000) hasta con motivos y propósitos de naturaleza empírica en términos de tener la capacidad de operacionalizar este constructo y poder medirlo a través de instrumentos de auto-reporte (NCCN, 2009).

El distrés es definido como una experiencia emocional displacentera de naturaleza, física, psicológica (cognitiva, conductual y emocional), social y/o espiritual que puede interferir con la habilidad para enfrentar de manera efectiva el cáncer, sus síntomas físicos y su tratamiento (NCCN, 2009).

El concepto de distrés está ligado estrechamente con la evolución del concepto de estrés, en tanto que se reconocen diversos factores de éste que provocan ya sea formas benéficas (eustrés) o formas dañinas (distrés) de enfrentarse con las demandas del ambiente (enfermedad). Dentro de esta línea, el distrés es considerado como la incapacidad de superar la vivencia de experiencias estresantes que conllevan al desgaste subsecuente de la persona y da por resultado una ruptura del bienestar individual (Sparrenberger et al, 2003).

Krikorian et al (2011), establecen una diferencia conceptual entre dolor, distrés y sufrimiento. De acuerdo con ellos, el dolor ocurre en respuesta a un estímulo nociceptivo y necesariamente involucra la integración de la mente y el cuerpo, y da como resultado una expresión somática. El distrés correspondería a la respuesta emocional a ese dolor. De acuerdo con ellos, el grado de amenaza percibida a la integridad es lo que denominan sufrimiento, el cual depende de la interpretación individual de la experiencia de dolor, de la cultura y los recursos de enfrentamiento. De acuerdo con ellos, el distrés es una dimensión del sufrimiento. A pesar de que estos autores tratan de diferenciar ambos conceptos, la realidad es que muchos los manejan de manera indiferenciada.

El distrés es único e inherente a cada persona, por lo que en su estudio es importante tener presente la complejidad, multidimensionalidad y subjetividad de los síntomas y la experiencia que lo rodea (Krikorian, 2012). Éste va a estar en función de:
- Diferencias individuales
- Diferencias basadas en factores médicos
- El apoyo social percibido
- La capacidad de afrontamiento
- Los rasgos de personalidad

Existen una serie de variables que han mostrado estar relacionadas de manera significativa con el distrés como el miedo al futuro o al mal control de los síntomas relacionados con la enfermedad (Monsalve et al, 2006), la ansiedad, el deseo de muerte anticipada, adaptación y/o la pérdida de control sobre las circunstancias o de las funciones corporales (Krikorian, 2012). Dentro de los aspectos físicos se han vinculado síntomas como el dolor, la fatiga, disnea, ansiedad, depresión, anorexia, insomnio.

El distrés ha sido documentado como un fenómeno frecuente encontrándolo en un 40-50% de población adulta con cáncer (Jacobse & Ransom, 2007) y puede presentarse en cualquier momento dentro del curso de la enfermedad y ser susceptible de cambios a lo largo del tiempo. Las variaciones en su prevalencia han estado relacionadas con el tipo de cáncer que se padece, el escenario de atención y la etapa de la enfermedad, encontrando que su prevalencia es mayor en aquellos pacientes que son atendidos dentro de un servicio de cuidados paliativos (59.3%) (Gao et al, 2010).

Se ha observado que el distrés que experimenta el paciente como consecuencia del cáncer se asocia con la presencia de este fenómeno en los cuidadores y se presenta en ambos en momentos similares. Así, se ha encontrado que el distrés del cuidador va aumentando conforme el cáncer progresa, maximizándose en los últimos días de vida del paciente terminal (Murray et al, 2010). Existen algunas características en el cuidador y/o en el paciente que se ha visto que están asociadas con altos niveles de distrés. Estas características se resumen en la Tabla 1 (Dumont et al, 2006).




Aún cuando el distrés es una variable importante a evaluar y trabajar en el paciente con cáncer, con frecuencia pasa desapercibido por los oncólogos por lo que en la actualidad se han realizado recomendaciones para su detección de forma rutinaria como parte del cuidado otorgado. Existen razones por las que esta labor debe hacerse ya que el distrés se ha visto relacionado con falta de adhesión a tratamiento, pobre satisfacción con el cuidado que se brinda y calidad de vida deficiente a través de múltiples dominios. Finalmente, la falta de detección puede traducirse en la falta de ofrecimiento de intervenciones farmacológicas y no farmacológicas que se saben son efectivas para el alivio del distrés en esta población de pacientes (Jacobsen et al, 2005).

Dentro de este contexto, Roth y colaboradores (1998) desarrollaron una herramienta de tamizaje constituida por un único ítem que está acompañado por una lista de problemas divididos en cinco dominios de vida. Esta herramienta lleva por nombre Termómetro de Distrés (TD) la cual ha sido descrita como un medio altamente válido y útil en diferentes grupos de pacientes con cáncer.

Actualmente ya existe la validación del TD en población mexicana (Almanza-Muñoz et al, 2008), la cual mostró propiedades psicométricas adecuadas (sensibilidad de 93% y especificidad de 76%, valor predictivo positivo de 82% y un valor predictivo negativo de 90%) para su utilización clínica. Utilizando este instrumento, se reporta una prevalencia de distrés en población oncológica mexicana del 61.8%.

El poder contar con un método de detección de casos selectos representa un hallazgo notable tomando en cuenta que ha sido documentado que el TD es igual de confiable que medidas más largas como la Escala de Ansiedad y Depresión Hospitalaria (HADS) en cuanto a la identificación de casos con distrés resaltando la posibilidad clínica de ofrecer tratamiento psicosocial profesional (Tuinman et al, 2008; Lynch et al, 2011).

Bibliografía

  • Almanza-Muñoz JJ, Holland JC. Psico-oncología: estado actual y perspectivas futuras. Revista del Instituto Nacional de Cancerología 2000; 46(3): 196-206.
  • Jacobsen PB, Donovan KA, Trask PC, Fleishman SB, Zabora J, Baker F, Holland JC. Screening for Psuchologic Distress in Ambulatory Cancer Patients A Multicenter Evaluation of the Distres Thermometer. Cancer 2005; 103(7):1494-1502.
  • Jacobsen PB, Ransom S. Implementation of NCCN Distress Management Guidelines by Member Institutions. Journal of The National Comprehensive Cancer Network 2007; 5(1): 99-103.
  • Krikorian A, Limonero JT, Maté J. Suffering and distress at the end-of-life. Psychooncology 2011; Oct 11. doi: 10.1002/pon.2087
  • Lynch J, Goodhart F, Saunders Y, O?Connor SJ. Screening for psychological distress in patients with lung cancer: results of a clinical audit evaluating the use of the patient distress thermometer. Support Care Cancer 2011; 19:193-202.
  • Monsalve V, Gómez-Carretero P, Soriano P. Intervención Psicológica en Dolor Oncológico: Un Estudio de Revisión. Psicooncología 2006; 3(1): 139-152.
  • Murray SA, Kendall M, Boyd K, Grant L, Highet G, Sheikh A. Archetypal trajectories of social, psychological, and spiritual wellbeing and distress in family care givers of patients with lung cancer: secondary analysis of serial qualitative interviews. BMJ 2010; 304: c2581.
  • NCCN Clinical Practice Guidelines in Oncology. Distress Management. National Comprehensive Cancer Network 2009. http://oralcancerfoundation.org/treatment/pdf/distress-2008.pdf (revisado 05/julio/2012).
  • Roth AJ, Kornblith AB, Batel-Copel L, Peabody E, Scher HI, Holland JC. Rapid Screening for Psychologic Distres in Med with Prostate Carcinoma A Pilot Study . Cancer 1998; 82(10): 1904-1908.
  • Sparrenberger F, dos Santos I, da Costa Lima R. Epidemiology of psychological distress: a population-based cross sectional study. Rev Saúde Pública 2003; 37 (4): 434-439.
  • Tuinman MA, Gazendam-Donofrio SM, Hoekstra-Weebers JE. Screening and Referral for Psychosocial Distress in Oncologic Practice. Cancer 2008; 113(4): 870-878.

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