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Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán"
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Revisión Bibliográfica: Sobrecarga del cuidador del paciente geriátrico

Actualmente, se experimenta a nivel mundial un aumento en la población anciana. Conforme los individuos envejecen experimentan limitaciones en sus capacidades para realizar las actividades básicas (baño, vestido, transferencias, uso de sanitario, continencia urinaria y alimentación) e instrumentadas (uso del teléfono, del transporte, toma de medicamentos, realizar finanzas, compras, cocina, cuidados del hogar y lavandería) de la vida diaria. Consecuentemente, varios de estos individuos dependen de la asistencia de otros para realizar estas actividades1.

Lo que define a un cuidador familiar varía a través de diferentes estudios, sin embargo, lo que todos acuerdan es que el individuo no percibe remuneración económica por sus cuidados. En algunos estudios el cuidador familiar también es llamado cuidador informal reflejando la falta de pago como compensación por sus servicios. En el pasado los estudios de cuidadores se realizaban principalmente en los esposos de la población anciana quienes realizaban el papel de cuidador, sin embargo, pareciera que ante estos cambios demográficos, el hijo adulto es quien empieza a involucrarse más en el cuidado de los adultos mayores con limitaciones en sus actividades1.

Los cuidadores son responsables de proveer cuidados físicos y emocionales lo que les limita su participación en las actividades sociales regulares y disminución de su bienestar. Esta limitación, así como las actividades realizadas por el cuidador pueden ocasionar un impacto negativo en el cuidador. Este impacto negativo en el cuidador ha sido conceptualizado como ?Sobrecarga del Cuidador?. Sin embargo, este concepto parece referirse a aspectos más concretos o tangibles del cuidado, existiendo una falta de consistencia y rigor en su definición. George y Gwyther (1986) definieron ?sobrecarga del cuidador? como el estrés físico, emocional, social y financiero que experimentan los individuos para proveer los cuidados1. Zarit (1980), Parks (2000), Etters (2008) y Carretero (2009) concuerdan en que la salud funcional emocional, psicológica y física de los cuidadores es afectada por la sobrecarga del cuidador. Los cuidadores frecuentemente sufren de depresión, exhiben estrategias de maladaptación y expresan sus preocupaciones sobre su pobre calidad de vida. Comúnmente los cuidadores reportan mayor número de síntomas físicos y psicológicos y utilizan más los servicios de salud así como mayor número de prescripciones en comparación con sus similares no cuidadores. Más aún la ?sobrecarga del cuidador? es un factor de riesgo independiente que incrementa la mortalidad hasta en un 63%2, 3.

En respuesta a las preocupaciones de la salud en el cuidado, los investigadores y clínicos han identificado factores determinantes de la ?sobrecarga del cuidador?. Los investigadores encontraron que el grado de sobrecarga depende de diversos factores contextuales, factores relacionados al cuidado y estresores primarios incluyendo el estatus socio-demográfico del cuidador y del individuo receptor de cuidados, la progresión de la enfermedad y el estrés percibido resultante de los cuidados2.

Los cuidadores de edad avanzada, mujeres y co-residentes experimentan mayor sobrecarga que aquellos cuidadores jóvenes, hombres y no co- residentes. Aunque los efectos de la relación entre el cuidador y el individuo receptor de cuidados no son aún claros, varios estudios han reportado que los cuidadores maritales experimentan mayores niveles de sobrecarga4.

La capacidad de realizar las actividades básicas e instrumentadas de la vida diaria es frecuentemente utilizada como indicador del estado funcional del individuo receptor de cuidados y de manera independiente afecta la sobrecarga del cuidador. Sin embargo la disminución del estado funcional del individuo receptor de cuidados es un predictor inconsistente. Algunos estudios han demostrado que la discapacidad moderada a severa en las actividades diarias está relacionada a ?sobrecarga del cuidador?. Sin embargo, otros estudios no han encontrado o han encontrado una débil asociación entre el estado funcional de los receptores de los cuidados y la ?sobrecargad del cuidador?4.

Existen varios factores relacionados a los cuidados también están asociados a la "sobrecarga del cuidador", incluyendo el tipo de actividades que debe realizar el cuidador, el nivel de apoyo y capacidad de manejar las preocupaciones del individuo receptor de cuidados. Los cuidadores vulnerables que no cuentan con accesos a recursos de apoyo han mostrado un mayor riesgo de sobrecarga que aquellos que cuentan con los servicios que los soporten4.

El hecho de reconocer que la "sobrecarga del cuidador" tiene predictores de una naturaleza multidimensional, permite entonces comprender que existen distintas maneras en las que múltiples factores interactúan entre ellos mismos afectando "la sobrecarga del cuidador". Por lo que es importante reconocer a aquellos factores principales que contribuyan a la presencia de "la sobrecarga del cuidador"4.

Dentro de los estresores primarios los indicadores objetivos de sobrecarga son: el estado cognitivo del miembro de la familia a cuidar, la presencia de trastornos de la conducta y la dependencia en las actividades básicas e instrumentadas de la vida diaria, mientras que los indicadores subjetivos de la sobrecarga son: la carga de trabajo como cuidador y la privación de sus actividades. Estresantes secundarios pueden ser los conflictos familiares, el conflicto de trabajo como cuidador, problemas económicos, restricción de la vida social, pero también existen estresantes secundarios intrapsíquicos del cuidador como su auto-estima, auto-control, competencia y la pérdida de la capacidad para realizar su papel como cuidador, incluso existen otros estresores como el apoyo social percibido y la frecuencia de descanso de su actividad como cuidador1-2,5,.

No sólo es importante identificar los factores predictores de "sobrecarga del cuidador" sino también utilizar herramientas que evalúen la presencia de la sobrecarga del cuidador. Es importante utilizar las estrategias de identificación de esta patología ya que además de impactar negativamente en la salud del cuidador pueden impactar negativamente en el cuidado, sufriendo el individuo receptor de cuidados abusos por parte del cuidador e incluso tener un desenlace de institucionalización del individuo receptor de cuidados3.

La herramienta más utilizada en la actualidad es la "Entrevista de Sobrecarga de Zarit" (ZBI: Zarit Burden Interview), la cual ha sido traducido a 18 idiomas, incluyendo el español. Es una entrevista que evalúa la sobrecarga percibida por el cuidador a través de 22 ítems desde un punto de vista multidimensional que engloba aspectos sociales, físicos, financieros, y emocionales, así como la relación con el individuo receptor de cuidados. Cada uno de los ítems se evalúa a través de una escala de Likert de 5 opciones (1 ? 5 puntos), cuyos resultados se suman en un puntaje total (22-110 puntos). Este resultado clasifica al cuidador en: "ausencia de sobrecarga" (<46), "sobrecarga ligera" (47-55) o "sobrecarga severa" (>56). El presentar una ?sobrecarga ligera? representa un factor de riesgo para generar una ?sobrecarga severa?. Actualmente existe una versión corta de esta entrevista validada en español, la cual consta de únicamente 7 ítems y ayuda a excluir la presencia de "sobrecarga severa" sin hacer distinción entre una "sobrecarga ligera" y una "sobrecarga severa", teniendo un mínimo de 15 puntos y un máximo de 35 puntos y distinguiendo entre la ausencia de sobrecarga (<16 puntos) y la presencia de "sobrecarga severa" (> 17 puntos)6.

Una vez identificado el cuidador con sobrecarga es importante realizar intervenciones que disminuyan la sobrecarga y disminuir así sus desenlaces adversos. Dentro de las intervenciones que existen los tres tipos principales de intervención son el tiempo de respiro, el apoyo psicosocial (a nivel individual y grupal) y el apoyo tecnológico de la información y la comunicación7.

La intervención de tiempo de respiro se refiere a los servicios proveídos al cuidador a través de permitirle un tiempo libre de las actividades de cuidado. Éste tipo de servicio puede ser en una modalidad dentro de casa a través de un personal remunerado que realice las actividades de cuidador o un centro de cuidados para individuos receptores de cuidados permitiendo al cuidador informal realizar otras actividades propias, además de mencionar los centros de emergencia los cuales son solicitados por los cuidadores en caso de una emergencia en la que ellos no puedan realizar las actividades de cuidado. Se ha observado que la intervención de tiempo de respiro disminuye los síntomas depresivos de los cuidadores aunque no su calidad de vida, más aún, el costo del uso de estos centros no rebasa el costo de los cuidados habituales por un cuidador informal7.

El soporte psicosocial tiene como objetivo realizar intervenciones que mejoren la capacidad del cuidador para manejar situaciones del cuidado. Generalmente, este tipo de apoyo ofrece al cuidador educación, desarrollo de aptitudes, consejería, información y soporte emocional. Este tipo de apoyo se puede realizar en casa o fuera de la misma en grupos de intervención. Esta intervención ha demostrado mejorar los síntomas depresivos del cuidador así como sus habilidades para proveer cuidados. Sin embargo, no existe efecto alguno en la sobrecarga del cuidador. Esta intervención tiene un costo menor que aquellos pacientes que no reciben esta intervención7.

La intervención de la tecnología de la información y comunicación consiste en el uso de servicios a través de la telefonía y computación proveyendo apoyo y educación de los cuidadores desde su casa. Los estudios reciente han demostrado una mejoría en los síntomas depresivos, de ansiedad y sobrecarga mejorando el apego al cuidado del individuo receptor de cuidados7.

La sobrecarga del cuidador es una entidad que afecta la salud y bienestar tanto del cuidador como del individuo receptor de cuidados por lo que su rápida identificación es esencial para implementar intervenciones que disminuyan algunos de sus desenlaces.

Bibliografía

  • Bastawrous M. Caregiver burden- A critical discussion. Int J Nurs Stud. 2013; 50:431-41.
  • Kim H, Chang M, Rose K, Kim S. Predictors of caregiver burden in caregivers of individuals with dementia. J Adv Nurs. 2012; 68:846-55.
  • Van Durme T, Macq J, Jeanmart C, Gobert M. Tools for measuring the impact of informal caregiving of the elderly: a literature review. Int J Nurs Stud. 2012;49:490-504.
  • Conde-Sala J.L., Garre-Olmo J., Turro-Garriga O., Vilalta-Franch J., Lopez-Pousa S. Differential features of burden between spouse and adult-child caregivers of patients with Alzheimer?s disease: an exploratory comparative design. Int J Nurs Stud. 2010; 47: 1262-73.
  • Zegwaard MI, Aartsen MJ, Cuijpers P, Grypdonck MH. Review: a conceptual model of perceived burden of informal caregivers for older persons with a severe functional psychiatric syndrome and concomitant problematic behaviour. J Clin Nurs. 2011 Aug;20(15-16):2233-58.
  • Breinbauer H, Vásquez H, Mayanz S, Guerra C, Millán T. Validación en Chile de la Escala de Sobrecarga del Cuidador de Zarit en sus versiones original y abreviada. Rev Méd Chile 2009; 137: 657-665.
  • Lopez-Hartmann M, Wens J, Verhoeven V, Remmen R. The effect of caregiver support interventions for informal caregivers of community-dwelling frail elderly: a systematic review. Int J Integr Care. 2012;12:e133.

Resumen a cargo de Alejandra González Pichardo (Geriatría, INCMNSZ).

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