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Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán"
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Revisión Bibliográfica: Espiritualidad y religiosidad en pacientes con enfermedad avanzada

Cuando una enfermedad terminal progresa, la salud se deteriora y el fin de la vida se acerca, las personas pueden preguntarse: "¿Por qué esta enfermedad? ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora?" Estas preguntas pueden evocar, reavivar o intensificar las preocupaciones espirituales o religiosas. A pesar de que los procesos por los que se producen estas asociaciones no se entienden bien, hay cierta evidencia de la asociación positiva entre la conciencia espiritual y religiosa y la salud emocional (Candy et al, 2012).

No existe un consenso sobre el significado de espiritualidad o religiosidad o la diferencia entre ellas. La espiritualidad se define como el sentido de búsqueda personal del individuo para enfrentar y encontrar un significado y un propósito en su vida a través de la trascendencia o la conexión con un ser supremo (por ejemplo Dios), o con elementos del universo. La espiritualidad es una forma en que los individuos buscan y expresan significado y propósito en sus vidas y la forma en que experimentan su conexión con el momento, consigo mismo, con los demás y con lo sagrado (Delgado-Guay et al, 2011). La espiritualidad se describe como un proceso en el que la gente busca lo sagrado a través de un contexto religioso más amplio, donde lo sagrado incluye a Dios, lo divino, lo trascendente, y aspectos de la vida fuera de lo ordinario (Taylor et al, 2011). También se refiere a convicciones/actitudes cognitivas y compromisos éticos subsecuentes y sus formas prácticas que brindan sentido de significado y propósito, da tranquilidad emocional y esperanza (B?ssing et al, 2013). Es un compromiso con un principio más alto que se materializa en la vida cotidiana de acuerdo con las directrices éticas implícitas, ya sea en el marco de la religiosidad institucionalizada o más allá (Büssing et al, 2013).

La religiosidad se define como un conjunto de creencias que representan la búsqueda individual de trascender, generalmente con la base en una deidad. La religiosidad incluye las prácticas que las personas utilizan para expresar su religiosidad/espiritualidad. Una tendencia entre los investigadores es la de polarizar ambos constructos (espiritualidad/religiosidad), sin embargo existen elementos comunes entre ellos que más bien los convierte en conceptos complementarios (Taylor et al, 2011). La espiritualidad es una dimensión de la personalidad mientras que la religiosidad es un constructo que involucra a la decisión humana que permite la conceptualización y expresión de la espiritualidad (Delgado-Guay et al, 2011).

Recientemente se ha ideado un marco conceptual para la investigación y la práctica clínica el cual distingue entre cuatro dimensiones básicas interconectadas para las necesidades espirituales: la conexión, la paz, el significado/propósito y trascendencia, que corresponden a las categorías subyacentes: social, emocional, existencial y religiosa. (Büssing et al, 2013).

En una revisión COCHRANE que buscó describir intervenciones religiosas o espirituales para adultos en fase terminal de una enfermedad y evaluar su efectividad para generar bienestar, se incluyeron cinco ensayos controlados aleatorizados (1130 participantes). Dos estudios evaluaron la meditación, los otros evaluaron intervenciones multidisciplinarias en cuidados paliativos que incluyeron a un sacerdote o un consejero espiritual como miembro del equipo de intervención. Los estudios que evalúan la meditación no encontraron diferencias significativas entre los que recibieron la meditación o la atención habitual para aumentar la calidad de vida o el bienestar. Sin embargo, cuando la meditación se combinó con masaje, a mediano plazo funcionó como amortiguador en contra de la reducción de la calidad de vida. En los estudios de intervención en cuidados paliativos no hubo diferencia significativa en la calidad de vida o el bienestar entre los brazos del ensayo. El afrontamiento con la enfermedad no se evaluó en los estudios. Aunque estos resultados parecen desalentadores, es poca la evidencia que aún existe para llegar a resultados concluyentes, además de que esta población dificulta la calidad metodológica.

En un estudio con 100 pacientes con cáncer avanzado, Delgado-Guay et al (2011), encontraron que casi todos los pacientes se consideraban espirituales (98%) y religiosos (98%), el dolor espiritual (dolor profundo que no es físico, relacionado con un conflicto intrapsíquico, pérdida interpersonal y relación con lo divino) se informó en 40 (44%) de 91 pacientes. El dolor espiritual se asoció significativamente con una menor religiosidad autopercibida y con la calidad de vida. Hubo una tendencia hacia el aumento de la depresión, la ansiedad, la anorexia y la somnolencia, medida por el ESAS, entre los pacientes con dolor espiritual.

Vallurupalli et al (2012) caracterizaron la espiritualidad, religiosidad y el afrontamiento religioso y su relación con la calidad de vida en pacientes con cáncer avanzado. La mayoría de los participantes (84%) indicaron dependencia de creencias religiosas/espirituales para enfrentar al cáncer. Pacientes con espiritualidad y afrontamiento religioso tuvieron mejor calidad de vida en análisis multivariados. La mayoría de los pacientes consideran a la atención espiritual como una parte importante de la atención del cáncer de los médicos y enfermeras.

Si es verdad que los beneficios de la espiritualidad en la salud son importantes, ¿qué sucede con las personas que pertenecen a grupos seculares o agnósticos? En un estudio que incluyó 392 pacientes con alguna creencia religiosa o sin ella, y con enfermedades crónicas (entre ellas cáncer), B?ssing et al (2013) concluyeron que las necesidades espirituales no se expresan necesariamente como una menor satisfacción con la vida o con una alta carga sintomática, pero que están probablemente relacionados con puntos de vista y actitudes específicos. Encontraron que las necesidades religiosas y espirituales fueron de menor relevancia para los pacientes en comparación con las necesidades de paz interior y generosidad, y que las necesidades espirituales insatisfechas fueron mayores en mujeres y pacientes con cáncer, sin embargo las necesidades existenciales fueron mayores en pacientes que no viven con su pareja en comparación con los que sí la tienen. Los puntajes de síntomas y discapacidad por dolor no se relacionaron con necesidades espirituales específicas. Las necesidades existenciales y las de paz interior se asociaron con la falta de bienestar espiritual. Necesidades religiosas se asociaron (aunque débilmente) con satisfacción con la vida y éstas se asociaron fuertemente con el componente de fe del bienestar espiritual, lo que indica que la fe es un requisito previo para la expresión religiosa. Incluso las personas escépticas expresaron necesidades específicas como las de rezar y ser atendidos por un servicio religioso. En conclusión, pacientes con enfermedades que generan dolor crónico expresan predominantemente necesidades de seguridad (paz interior) y relacionadas con la generosidad, en algo así como ?construcción del significado?, aunque no en términos de una necesidad existencial.

La espiritualidad es el sentido de paz, de propósito, y de conexión con los demás de un individuo y las creencias sobre el significado de la vida que puede expresarse a través de la religión u otros medios, mientras que la religión se define como un conjunto de creencias y prácticas asociadas a una tradición religiosa (Vallurupalli et al., 2012). La relevancia de estos constructos en la experiencia de una persona que vive con una enfermedad toma particular importancia incluso en personas sin creencias religiosas, por lo que su real incorporación en los cuidados paliativos para brindar una paliación completa resulta fundamental.

Bibliografía

  • Büssing, A., Janko, A., Baumann, K., Christian, N. & Kopf, A (2013). Spiritual Needs among Patients with Chronic Pain Diseases and Cancer Living in a Secular Society. Pain Medicine; 14: 1362?1373.
  • Candy , B. et al. (2012). Spiritual and religious interventions for well-being of adults in the terminal phase of disease. Cochrane Pain, Palliative and Supportive Care Group.
  • Delgado-Guay, M., Hui, D., Parsons, E. Govan, K., De la Cruz, M., Thorney, S. & Bruera, E. (2011). Spirituality, Religiosity, and Spiritual Pain in Advanced Cancer Patients Journal of Pain and Symptom Management, 41(6).
  • Taylor, L., Stotts, N., Humphreys, J., Treadwell, M. & Miaskowski, C. (2011). A Biopsychosocial-Spiritual Model of Chronic Pain in Adults with Sickle Cell Disease. American Society for Pain Management Nursing.
  • Vallurupalli et al. (2012). The Role of Spirituality and Religious Coping in the Quality of Life of Patients With Advanced Cancer Receiving Palliative. Radiation Therapy. J Support Oncol. 2012 ; 10(2): 81?87. doi:10.1016/j.suponc.2011.09.003.

Resumen a cargo de Susana Ruiz (Psicología, INCMNSZ).

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